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Los Nacimientos (pesebres) Mexicanos.-
La
Natividad es sin duda una de las festividades religiosas que
más se celebran en México. Y como todas las
fiestas mexicanas, es ocasión para que salga a relucir
nuestra creatividad artística: en la fabricación
de piñatas y farolillos para las posadas, en las pastorelas
y, por encima de todo, en la tradicional representación
del nacimiento (belenes).
Dios Padre
Es bien sabido que la tradición de los Nacimientos
(belenes), como muchas otras, llegó a México
con los primeros frailes, quienes en su misión evangelizadora,
se valieron de la escenificación del nacimiento de
Cristo en el portal de Belén como recurso didáctico
para librar algunas batallas de lo que mucho después
se llamaría 'la conquista espiritual".
El propósito de los primeros evangelizadores era familiarizar
a los indígenas con la doctrina y las prácticas
del cristianismo, al mismo tiempo que pugnaban por extirparles
sus creencias y costumbres religiosas. Uno de los métodos
que utilizaron con mejores resultados fue la puesta en escena
de diversos episodios de la historia sagrada. De estas representaciones
surgirían las posadas y las pastorelas, y más
tarde, la costumbre de poner el nacimiento o belén.

Huida
a Egipto
Sin salirse de ciertos cánones clásicos, en
cada país, en cada región, en cada comunidad,
los Nacimientos (pesebres) toman un sello particular adaptándose
a los medios de que se dispone localmente. Son ya tradicionales,
por ejemplo, los Nacimientos (Belenes) de paja de trigo que
se elaboran en Tzintzuntzan, a las orillas del lago de Pátzcuaro,
los de barro de Tlaquepaque, en Jalisco, los de hoja de lata
y papel maché del Distrito Federal, los de barro de
las comunidades alfareras del estado de México, los
que se representan en forma de árboles de la vida que
se hacen en Acatlán, Puebla, además de los que,
repartidos por todo México se realizan en madera, metal,
vidrio, laca, cartón, esmalte, tela, piedra, azúcar,
chicle, hojas de maíz, y por supuesto, en cera.
Los Nacimientos (pesebres) elaborados en todos estos materiales
incorporan a la representación la realidad de cada
región. No resulta difícil encontrar pastores
con sombrero de paja y trabajando el campo con instrumentos
de labranza típicamente mexicanos; escenografías
de pinos, magueyes y nopales salpicados de bolitas de algodón
haciendo las veces de copos de nieve, y uno que otro espécimen
de la fauna típica de la región.

Panadero
Se ponen de manera casi siempre espontánea, sin seguir
un plan formal, sobre huacales o cajas de cartón cubiertos
con heno y musgo o papeles de colores. En el medio se coloca
el misterio con la mula y el buey y alrededor se van acomodando
las diferentes escenas, donde la habilidad y el ingenio del
mexicano se hacen siempre presentes.
Nacimientos
o belenes de Cera De Guanajuato México.-
Un
caso notable en la elaboración y montaje de Nacimientos
(belenes) es el de la región del Bajío, especialmente
en la parte que corresponde al estado de Guanajuato, donde
se hacen los preciosos Nacimientos (belenes) de cera.
No
se sabe con certeza quién ni cuándo comenzó
a fabricar estos Nacimientos (pesebres), pero cuentan los
artesanos del lugar que, hará unos doscientos años,
una familia española trajo el oficio de la península
y comenzó a enseñarlo a quien estuviera interesado.
Varias familias lo aprendieron y llegó hasta algunos
conventos, donde las monjas emprendieron con agrado el aprendizaje
de esta tarea.

Portal
El dato es vago e impreciso, pero a todas luces cierto es
que en ninguna otra parte de la República Mexicana
encontramos esta tradición tan arraigada como en el
Bajío, señaladamente en la ciudad Guanajuatense
de Salamanca, donde la confección
de figuras de cera es tan importante como el montaje de los
Nacimientos (pesebres) en la época navideña.
Las
familias de Salamanca Guanajuato, México echan mano
de todos los recursos a su alcance para poner cada año
un nacimiento mejor y más grande. Los escenifican con
todo tipo de materiales: plantas, piedras, semillas, arena,
etcétera, y tratan de representar el mayor número
posible de pasajes. Es frecuente que durante los días
que permanece el nacimiento en exhibición la familia
tenga que prescindir de una o varias de las habitaciones de
la casa, ocupadas por las figuras.
Las familias rivalizan año con año para ver
quién montó el mejor nacimiento o quién
aportó más innovaciones; quién puso,
por ejemplo, la iluminación más original.
La época navideña es por ello muy especial en
Salamanca; la gente del lugar pasa los días visitando
las diferentes representaciones, disfrutándolas y haciendo
comparaciones. Si bien es cierto que en Salamanca es donde
esta costumbre tiene mayor arraigo, no debe restarse importancia
a otras ciudades del Bajío y de fuera de esta región
que también participan de la misma tradición,
como son Celaya, Guanajuato y Apaseo, o Morelia y Pátzcuaro,
en Michoacán.

Descanso
en la huida
La
tradición consiste tanto en montar y exponer los Nacimientos
(belenes) como en
la manufactura en cera de las figuras. La técnica para
realizarlas es oriunda del
Bajío y es la misma en todas las ciudades donde se
fabrican. Se trata, sin duda alguna,
del trabajo artesanal más importante de los que ocupan
la cera como materia
prima en la actualidad.
Entre
los artesanos del Bajío que trabajaban la cera destacan
Agustín Arredondo, heredero de una tradición
artesanal que viene de mucho tiempo atrás. Dice que
su bisabuela, que murió en 1929 a la edad de noventa
y siete años, trabajaba la cera, y tiene conocimiento
de que en ese entonces -mediados del siglo XIX- no era la
única. La tradición continuó en la familia.
Su madre y sus hermanas hacían figuras de cera, pero
en la actualidad sólo él se dedica al oficio.
Parte de su herencia fueron varios moldes antiguos de yeso,
barro y metal, siendo los de barro, en su opinión,
con los que mejor se trabaja.

Reyes Magos
Proceso de elaboración de las figuras de cera.-
La
técnica consiste en elaborar una mezcla de cera
de abeja, ya blanqueada, con un poco de parafina
para darle dureza. A esta pasta se le añaden tierras
de color o anilinas, dependiendo del tono que se quiera lograr.
La mezcla se calienta a fuego suave, sin que hierva, ya que
las burbujas estropearían la pieza, y una vez caliente
se vierte en los moldes.
Los moldes son de barro, de yeso o de
metal. Antiguamente los preferidos eran los de barro.
Presentan el inconveniente de que su tamaño varía
un poco al hornearlos, pero le dan el fraguado perfecto a
la cera. Sin embargo, han caído en desuso porque no
hay quién los sepa hacer. El molde de uso más
común es el de yeso, que es muy fiel a los detalles
y de fácil elaboración. El de metal prácticamente
ya no se utiliza.

Materiales
Una
vez vaciada la cera en el molde, se espera a que fragüe;
aún tibia, se saca la pieza del molde y se le da, con
el solo calor de las manos, la postura deseada. Por ejemplo:
del molde de un brazo se obtiene una pieza rígida,
que luego hay que moldear para darle la forma -pongamos por
caso- de un brazo doblado y con el puño cerrado, como
si estuviera deteniendo una vara. Con finos instrumentos de
fierro se pule la pieza, se le liman asperezas, se le resaltan
algunos rasgos, los músculos, y se le da forma a los
dedos y a las uñas. La temperatura a la que se trabajan
los diversos pasos es de suma importancia, ya que el exceso
de calor puede echar a perder la pieza.
El mismo procedimiento se usa para brazos, manos, piernas
y pies. La elaboración de la cabeza es diferente, pues
esta parte es hueca. De los moldes se obtienen las partes
anterior y posterior, se las une y luego se corta un pequeño
casquete para engastar los ojos desde dentro. Este es quizá
el paso más importante, ya que la posición de
los ojos da la expresión al rostro. Los ojos son generalmente
de vidrio y a veces de semilla de chicalote, la cual por su
tamaño, brillo y dureza es ideal para esta función.
Los restantes elementos de la cabeza -pelo, barbas y cejas-
se hacen también de cera; los labios se forman con
una minúscula porción de cera teñida
de rojo. En la creación de la cabeza y el rostro, la
destreza y paciencia del artesano es fundamental, la expresión,
las arrugas y otros rasgos se logran con finísimos
toques de los instrumentos. Una vez que se tienen las extremidades
y la cabeza, se unen por medio de alambres a una base de madera
muy ligera llamada patol, la cual se debe tallar previamente
para darle la forma del cuerpo.

Piezas
El
último paso consiste en vestir la pieza. Esto se hace
con telas ligeramente bañadas en cera o engrudo
(una mezcla de harina y agua cocida) para darles consistencia
y poder formar los pliegues. Para terminar se añaden
los últimos detalles como el calzado y los diferentes
adornos, según el personaje de que se trate. Aunque
el ropaje suele ser definitivo, por estar unidas mediante
alambres las piezas tienen cierta movilidad.
Las
figuras de cera se manejan en diferentes alturas siendo las
de 35 cm. las que se emplean con mayor frecuencia en el montaje
de los Nacimientos (pesebres) Mexicanos. En la actualidad
las figuras de cera han caído en desuso por la utilización
de figuras de plástico o resina, es una tradición
que poco a poco desaparece de los hogares mexicanos.
La
familia Martínez Barrientos de la ciudad de Guanajuato
(México), se ha dado a la tarea de preservar esta hermosa
tradición, fabricando las figuras de cera de manera
artesanal y montando año con año su nacimiento
(belén), el cual está integrado con 120 figuras
de cera de 35 cm. de altura y 12 pasajes que narran el nacimiento
del niño Jesús desde la Anunciación del
Ángel Gabriel hasta la huida de la Sagrada Familia
a Egipto.
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