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Como en toda obra artística y en general artesana se
aconseja y muchas veces es imprescindible, un ensayo previo
de la idea a realizar. El escultor moldea el barro antes del
traspaso a materia definitiva; el escenógrafo confecciona
sus bocetos que han de servir para plasmar su obra en el decorado;
el pintor o dibujante aboceta sin entregarse en detalles para
realizar en pocas líneas lo que después ha de
convertirse en su obra maestra.
El pesebrista o belenista ha de seguir esta norma lógica,
la de sujetarse a una disciplina propia de oficios y técnicas
artesanas.
Para realizar un bien proyecto de escenografía belenística
no ha de eludirse este metodismo como un arte que es el modelaje
de figuras y las escenas a recrear. Es un medio técnico
que facilita enormemente nuestra labor. El belenista siente
y vive de una manera especial cuando se entrega a su labor.
Quien más y quien menos, al disponerse a iniciar el Belén
tiene ya de antemano una idea, confusa muchas veces, pues la
imaginación trabaja con frecuencia con más rapidez
que nuestra propia capacidad manual.

Bastan unas pocas líneas para encauzar la idea.
¿Quién no se ha encontrado con cierto desánimo
al contemplar que lo realizado no supera, ni muchos menos
iguala a su primera idea? Y es que no es tarea fácil
transportar la imaginación a lo manual, ya que el concepto
de dimensiones y conjunto se pierde al realizar los accidentes
de la maqueta o diorama, separadamente, y llegaríamos
muchas veces a introducir modificaciones en las visuales,
rocas, desniveles, etc., una vez realizados, por no satisfacer
nuestro propósito.
Se suelen hacer belenes de realización manual maravillosa,
pero de conjunto mediocre, al descubrirse la improvisación
con soluciones de última hora que malogran la armonía
de la realización.
Bastan unas pocas líneas para encauzar nuestra idea,
atendiendo a la proporción, términos, emplazamiento
de las figuras y visuales, no descuidando el arbolado, ya
que éste no es sólo un recurso o complemento
del Belén. El árbol tiene un papel compositivo
tan importante como pueda tenerlo la mejor figura y exige
que se cuente con él desde la primera concepción
del diorama o maqueta abierta, en especial los que deban figurar
en los primeros términos.
No se pretende que el croquis deba hacerse con profusión
de detalles; sencillamente, interpretativo, pues unas pocas
líneas pueden representar para quien las diseñó,
una verdadera fuente de inspiración.
Tampoco se trata de sujetar al belenista a la idea previa
transcrita en el boceto; de esta forma se limitaría
la libertad creadora. El diseño cumplirá muy
bien con su objeto respetando las proporciones, el sentido,
la perspectiva de los términos, y nos indicará
siempre si vamos por buen camino, tanto si lo seguimos al
pie del detalle como si introducimos modificaciones. A la
única ley que debemos sujetarnos al diseñar
el boceto, es la que nos da la altura del horizonte y sus
fugas a un punto o puntos del mismo, por lo que trazaremos
la línea de dicho horizonte, haciendo coincidir ésta
con la altura de las figuras del primer término -en
el caso de descansar estas sobre el mismo plano del tablado-
y haciendo coincidir con la altura del observador, una vez
realizado el diorama.
No se pretende dar unas reglas finas para realizar un boceto;
nada mejor que la propia iniciativa a la acertada ordenación
en un solo cuadro de fragmentos de postales panorámicas,
fotografías, grabados, etc., pero sí aconsejamos
especular con todo lo que nos ayude a dar relieve, perspectiva
y profundidad.

Un árbol junto a la figura.
Estos tres factores van cogidos de la mano y de malograr
algunos de ellos repercute notoriamente sobre los demás.
Esta observación es elemental y debemos tenerla en
cuenta al realizar nuestro boceto.
Cuidaremos el relieve "no pegando" los elementos
unos contra otros, procurando se destaquen de su fondo, tanto
en forma como en colorido. Ayudaremos así a la
perspectiva, marcando elementos comparativos -aparte de la
perspectiva general-, por ejemplo: un árbol junto a
una figura o construcción en la cumbre de una montaña,
y lograremos profundidad, enmarcando elementos lejanos por
accidentes de término anterior, entre los troncos de
dos árboles próximos y sus copas, una edificación
lejana.

Entre los troncos de dos árboles próximos y
sus copas, una edificación lejana.
En Belenes de poca profundidad, donde es más difícil
lograr los efectos de una perspectiva perfecta, es donde se
aprecian mejor las ventajas de un croquis, al ayudarnos a
ceñirnos a las exigencias de falta de fondo y nos asegura
el que no tengamos que forzar los últimos términos
por haber empleado demasiado espacio en los primeros.
Es también de gran utilidad, un ligero levantamiento
topográfico de paisaje en plano horizontal, indicando
por medio de cotas la situación de los términos
y los principales accidentes del terreno, procurando hacerlo
a escala, para mayor comodidad.
Si de antemano hemos tenido acierto en dar un ligero colorido
en el boceto, más lograda será nuestra realización,
especialmente en el resalte de términos. Se observa
la ventaja de haber iniciado previamente el color en Belenes
de dimensiones grandes, ya que debido a su extensión
nos imposibilita tener a nuestra vista todos los términos
y nos ahorra el tener que desplazarnos a menudo a la boca
del Belén, para asegurarnos de la marcha de esta fase
final tan importante como decisiva: el color.
Es
útil un ligero levantamiento topográfico del paisaje.
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